Hoy toca un tema serio. Cosas de que ahora esté de vacaciones ;).

La felicidad. ¿Qué es la felicidad?
No es una pregunta nueva. Miles de antropólogos de todas las épocas han estado siempre conjeturando, siempre indagando en las profundidades de la existencia del hombre como hombre, como algo tan alejado del animal como la velocidad del tocino.

Todos hemos hablado u oido hablar de la pirámide de Maslow, esa pirámide taaaaaan famosa en cuya base se encuentran nuestras necesidades fisiológicas (todos necesitamos comer y dormir), seguida de lasnecesidades de seguridad (de aire no vive el hombre ni el dinero crece en los árboles), seguida a su vez por las necesidades sociales (nadie se atrevería a decir que es feliz y confesar que no tiene amigos, al menos yo no).

La pirámide de Maslow tiene dos niveles más: necesidad de reconocimiento (¿?) , y autorrealización.

Sinceramente hasta los 3 primeros niveles, la comparto y entiendo (¿por ese orden?), pero el reconocimiento y la autorrealización... no me convencen demasiado.

Pensadlo: ¿Necesitas reconocimiento para ser feliz? Suponiendo que no somos un perfecto ejemplar listo para ser servido en un manicomio por una vanidosa patología narcisista, podemos decir que NO es necesario el reconocimiento.
A menudo nos encontramos con personas que, por desgracia, no son reconocidas. Véase operarios de mantenimiento, peones de obras, profesionales de la limpieza urbana, que lo son, todo hay que decirlo... y un sin fin de actividades o trabajadores, generalmente mal renumerados cuando no, simplemente desprestigiados automáticamente.
¿Son felices? ¿es un jardinero feliz? ¿es un obrero feliz? ¿y un barrendero? Yo diría que sí, incluso más que cualquier empresario de la media-alta esfera empresarial.

Quitando de nuestra pirámide la necesidad de reconocimiento, y siendo evidente eso que llaman "autorrealización" no existe - de hecho - si existiera, ¿qué sería de aquél que la consigue? En ese caso ya ha hecho todo lo que tenía que hacer en esta vida, y en plan jubilado (por desgracia también se dan estos casos) , se queda sin metas, sin ilusiones, y entran en un círculo vicioso que suele terminar en suicidio. Creedme: no era feliz.

Asumiendo que nuestra pirámide de Manu (algún nombre tengo que darle) que sólo tiene tres niveles (n. fisiológicas, n.seguridad, n. sociales), es la pirámide real. Una vez que estamos en ese tercer nivel. ¿Somos felices? ¿Podemos serlo?

Veamos. Hace un par de semanas estuve hablando, tal como suelo hacer de vez en cuando o cada vez que puedo, con un amigo. Estuvimos hablando de nuestros problemas, de nuestras alegrías, proyectos, a corto plazo sobre todo (es lo que tiene estar atado por un calendario de exámenes finales).
Los dos coincidíamos en que muchas veces los problemas más gordos, no te viene de fuera, sino de dentro de tu zona más íntima, véase novia, padres, hermanos, etc etc.

Los problemas con los amigos suelen ser pasajeros y más que desunir, terminan uniendo más cuando se solucionan. Con la pareja, más de lo mismo.
En cambio, con la familia, todo cambia. No puedes expresarte totalmente, existe una jerarquía, unos roles, y varias trabas más que hacen que los problemas no sean tan fácilmente solucionables.

Asumimos pues, que nuestro círculo cercano suele ser el más problemático a la hora de ser felices. Volvamos entonces a la pirámide de Manu.

(Aquí he de indicar que soy universitario que vive con sus padres, para que entendáis un poco mi punto de vista.)

Tenemos nuestras necesidades físicas cubiertas: vivimos en una casa de clase media con toda una ristra de comodidades superfluas.
Tenemos seguridad física, y económicas. Sï, nos mantienen, es un hecho.
Y tenemos vida social: los amigos del barrio, los amigos íntimos, los del club de ajedrez, los de la facultad, los de ir de discotecas... etc etc.

¿Qué falla entonces? Nosotros tendemos a pensar que de no ser porque tenemos que estudiar y hacer unos jodidos exámenes que serán corregidos por maliciosos profesores hijosdeputa, nuestro mundo sería perfecto, un cielo: por así decirlo: Quitando estudio nos queda comer dormir y divertirse.

En cambio, en casa esa regla no vale: papá pone la pasta: papá manda. Mamá prepara la comida y lava: mamá manda. A niveles jerárquicos distintos la cosa funciona de maravilla: ellos ordenan y tú obedeces. Pero, ¿y si mamá no está de acuerdo con papá? ¿Quién media?

Hay familias que no son el modelo ideal de familia por ello. Pongamos un caso totalmente imaginario y ficticio. Pará quiere ir a ver el beísbol, y mamá el ballet. ¿Quién decide?
En ese caso, mi amigo propuso una solución que es muy muy curiosa.

Este domingo papá, mamá y prole van a ver el fútbol. Papá se divierte, mamá está contenta de que papá esté contento. Están pasando el día en familia y disfrutando.
El domingo siguiente, papá, mamá y prole ban a ver el ballet. Repetimos: Mamá se divierte, papá está contendo de que mamá lo esté.
El siguiente, la `prole elige el circo y todos al circo.

Aparentemente es un sistema que funcionaría. Elimina cualquier aspereza en la familia, Y LO MÁS IMPORTANTE, no sólo en la familia: este esquema puede ser extendido a un grupo tal como amigos de salir, los del club de ajedrez...

¿Sería ésta una manera de ser realmente feliz, sin peleas ni tensiones en ningún ámbito, satisfaciendo tan solo los tres primeros niveles de la famosa pirámide de Maslow?

¿Qué opináis?